He dedicado mi vida al arte como camino espiritual, simbólico, psicoemocional y tecnológico. No lo elegí como vitrina, sino como alquimia. He estudiado, creado, canalizado y estructurado mundos simbólicos durante más de 15 años, desde la música hasta la psicología profunda; desde el ritual hasta la interfaz digital.
Mi obra no responde a tendencias ni al mercado. Responde a una necesidad profunda: traducir lo invisible en lenguaje. Durante años he construido un lenguaje propio que no solicita aprobación, pero sí exige ser escuchado. No por necesidad de validación, sino porque su propósito es transformador. Y para transformar, debe hacerse visible.
Mi trabajo transita entre lo visible y lo invisible: diseño interfaces, creo obras sonoras interactivas, formo comunidades en torno a la escucha y el arte como herramienta de transformación.
Inmerso totalmente en la creación, usando los lenguajes artísticos como vehículo, posterior a mis estudios en artes decidí complementar mi carrera con un grado en psicología, campo que me ayuda a expandirme en la gestión del conocimiento como alquimista sonoro, caminante del símbolo.
El arte no es mi forma de mostrar, es mi forma de invocar.
Mi propósito es claro: crear portales. Portales que permitan a otros verse, escucharse, transformarse. Portales donde el arte deje de ser una representación para volver a ser lo que siempre fue: rito, medicina y conjuro.
Estoy aquí para abrir esos umbrales.
En ese periodo de mi vida entre los 23 y 26 años, era un estudiante de cine en la Argentina y había desertado momentáneamente de la carrera de música en Colombia, lo cual me causo muchos problemas en todos los aspectos de mi vida, pero esto jamas fue un capricho sino una necesidad una forma de hacer del video un instrumento, un lenguaje decisivo, un hogar propio. No como un “formato” narrativo tradicional, sino como un instrumento para materializar la idea simbólica y plástica del sonido que yo estaba buscando.
Un par de años más tarde, cuando lo tuve claro (eso que hoy escribo), volví a la música desde la composición contemporánea y la electroacústica, y en ese cruce entre imagen y escucha empecé a entender que el sonido no solo se compone: también se esculpe, se interviene, se traduce y puede volverse materia.
Paralelo a esa formación, durante esos años también estaba atravesando una investigación personal muy intensa en el ocultismo. Esa búsqueda espiritual mía viene marcada desde la infancia, y una vida atrás seguramente, pero en la etapa universitaria se volvió más sistemática y silenciosa de compartir con casi nadie. Ya había pasado por una maestría en Argentina que me devolvió a la música con una motivación extra que solo encontré allí.
Por la formación católico-militar que recibí de mi familia, en mi adolescencia viví un indagar constante sobre la espiritualidad, más como un rescate a la imposición, esto con el tiempo se hizo más constante y silencioso al punto de estudiar profundamente corrientes del esoterismo judeocristiano y estructuras herméticas. Con el tiempo voy comprendiendo que esa doble vía —escucha/composición + simbología/ocultismo— son el núcleo de mi obra.
Posterior a esto conocí al gran Alejandro Jodorowsky, quien me direccionó a su hijo, como diseñador sonoro y musicalizador de sus dos obras de teatro en Argentina y México, lo cual también me ofrecía una mirada desde la psicología junguiana, la psicomagía y el estudio de lo transpersonal. Suficiente para que el montaje de sus obras se convirtiera en una escuela de surrealismo y simbolismo en vivo y en directo por dos años, que me ayudó a adentrarme por completo en una comprensión sobre la forma en que ocurría la transformación a nivel inconsciente.
Esta pieza nace desde la necesidad de construir un escenario pictórico hecho a mano, casi como un dispositivo ritual o una escena de evocación, y someterlo a procesos digitales que deformaran, reescribieran y tradujeran su comportamiento interno. La imagen es pensada como un organismo dentro de un soporte digital, donde la sonoridad no actúa como acompañamiento, sino como campo envolvente que unifica la escena: un sistema en el que el audio deja de ser fondo y pasa a ser fuerza estructural.
El gesto principal consiste en convertir datos sonoros en matrices gráficas, permitiendo que el sonido incida directamente en la forma y el movimiento. El espectro, la vibración y la energía operan como una escritura capaz de reorganizar la materia visual. Este proceso fue desarrollado mediante procesamiento de imagen en Jitter / Max MSP y una pieza sonora derivada de una acción escénica con crótalos tibetanos. Allí se configura una premisa fundamental: el sonido posee cuerpo, textura y gravedad simbólica; su potencia no es únicamente musical, sino también visual, espiritual y filosófica.
Durante el render final, una falla de señal introdujo una desviación inesperada que transformó la estética de la obra. Lejos de corregirla, esta anomalía fue integrada como parte constitutiva del proceso. El error se asume como intervención del medio: el ruido como leitmotiv y la falla como mensaje. Esta decisión revela una comprensión de la tecnología como productora de signos, donde el umbral, la sombra y el residuo emergen como dimensiones significantes. La falla se convierte así en síntoma, en grieta a través de la cual el sistema deja entrever su propia condición.
En retrospectiva, esta obra marca el inicio de una investigación centrada en la plasticidad del sonido, las filosofías de la escucha y las estéticas de la señal, el ruido y la traducción audiovisual. Asimismo, consolida una relación con el símbolo entendido no como ornamento, sino como estructura de pensamiento. El cruce entre composición electroacústica, investigación iconográfica y sensibilidad esotérica configura el territorio donde se establece un lenguaje propio.
La obra circuló en festivales internacionales de videoarte, visual music y música electroacústica, afirmando una línea de trabajo que insiste en que lo invisible puede devenir lenguaje, y que la materia sonora puede transformarse en imagen, forma, signo y presencia.
Ya en Barcelona, durante la cursada del máster en arte sonoro en la Universidad de Barcelona, asistí a un seminario de litófonos (instrumento de piedra y frotación) y a su proceso de fabricación. Este proceso lo asumí con total seriedad: con martillo, cincel y taladro percutor, durante cuatro horas esculpí completamente un litófono que había concebido previamente, dando forma a una pieza que emergía de mis manifestaciones audiovisuales anteriores: la materia como sueño de la consciencia hecho instrumento.
Días después de haber realizado la escultura, experimenté una necesidad extrema de aislamiento. Desde esa tarde y durante varios días, me resultaba muy difícil salir de mi apartamento, asistir a la universidad o interactuar con otros. Tampoco podía escuchar música, y mucho menos hacerla. Al ver mis manos moreteadas, recordaba el momento de dividir la piedra y me invadía una profunda nostalgia acompañada de un llanto inexplicable.
Nunca supe con certeza qué ocurrió, pero experimenté una transformación profunda. Durante varios días no pude pronunciar una sola palabra, ni siquiera en situaciones cotidianas como el supermercado o al responder preguntas en la calle. Mi mente estaba en otro lugar, quizá aún dentro de la piedra. Al recordar esos días, revivo parcialmente esa sensación: tengo la certeza de que no volví a ser la misma persona y que una parte de mí quedó necesariamente inscrita en esa materia.
La piedra se convirtió en una interfaz viva, un ente catalizador que atrapaba la memoria ancestral y la transformaba en sonido y luz. Su superficie rugosa respondía a mi tacto liberando vibraciones y datos acústicos que abrían un diálogo íntimo entre cuerpo, espacio y tiempo.
En este vídeo, la masturbación de la piedra se convierte en un acto de transmutación mutua, donde quizás un Prometeo encadenado encuentra la liberación o un Sísifo se revela ante su castigo, perforando la piedra con su deseo y transformando el dolor en una vía de escape.
La construcción de este instrumento mediante el uso de un taladro y el haber esculpidp esta piedra constituyó una primera reflexión metafórica que lo sitúa en tensión entre el contexto tecnológico contemporáneo y una tactilidad primitiva. La violencia ejercida durante su fabricación le confiere una sensibilidad adicional, transformándola en una entidad acústica resonante que no podría existir sin una relación íntima entre el luthier/intérprete y el instrumento.
Asimismo, la sexualidad se explora aquí desde una perspectiva no normativa, siendo expuesta y compartida al hacer pública la pieza en una plataforma digital. Este gesto propone una ruptura con las formas de control que pueden operar sobre el cuerpo y el deseo, en línea con las nociones de biopoder desarrolladas por M Foucault..
Por otro lado, Mazami Akita [Merzbow] plantea la pornografía en relación con el ruido, estableciendo una analogía entre sexualidad y producción sonora:
«Si la música fuera sexo, Merzbow sería pornografía».
Introducir el ruido como elemento estructural implica también una dimensión política: aquello que una sociedad define como molesto o perturbador revela sus propios límites perceptivos y morales. En este sentido, el rechazo al ruido puede entenderse como una forma de regulación simbólica que, desde una doble moral, evidencia tensiones internas en la construcción de lo aceptable y lo prohibido.
Alfonso Pretelt (1987) Bogotá/Colombia. Musician, psychologist, sonologist and audiovisual artist, specialized in interactive & media art.
Founder and director of Ideofónica, educational platform based on sound studies. ideofxnica.netlify.app
I have focused on acoustic research, experimental musical composition and audiovisual development. I promote deep listening experiences and decentralized education.
Estudios de pregrado en música en diversas universidades de Colombia, maestría en creación musical y nuevas tecnologías. Maestría en arte sonoro por la Universidad de Barcelona y en sonología por el Real Conservatorio de La Haya.
Psychologist: After my studies in arts, music and sound, I completed an undergraduate degree in psychology, seeking to enhance my perspective on science and holistic contexts. I strengthened my studies of tarot and psychomagic by collaborating with Jodorowsky as a musician and assistant in psychomagic theater in Argentina and Mexico (2013–2014).